Mirar al que se mira a sí mismo -pues eso representa el mito de Narciso- es
en definitiva lo que proponemos en el título, y lo que, por tanto, persigue el
presente trabajo; sabiendo que es necesario distinguir el mirar, que no es más que ejercitar un órgano sensorial, del saber mirar, es decir, el ver, que constituye una actividad mucho más profunda, crítica y fructífera. Precisamente eso es lo que nos guía. Pero toda mirada, como se realiza desde un lugar concreto, una posición determinada y con unos lentes determinados, siempre es diferente a otras; y la nuestra, aunque no lo manifestemos explícitamente, se realiza desde y con los instrumentos de la filosofía humanista y personalista, donde el hombre se presenta como identidad y trascendencia.

Desde allí entonces acometeremos la tarea de mirar, y de alguna manera, dado lo difuso de los límites, también analizar e interpretar nuestra realidad a través del mito de Narciso. Realidad cultural que concebimos globalmente, pero que por cierto incluye la realidad local.


Además podemos advertir que tomamos como punto de partida algo que ya
presumimos como cierto, y es la relación de nuestra cultura con dicho mito y, por ello, el hecho de que nuestra cultura occidental tiene un muy fuerte componente narcisista que la define y le sirve de sustento. Precisamente esta certeza es lo que intentaremos mostrar a lo largo de las siguientes páginas.

De esta forma comenzamos con un planteo puramente filosófico donde nos propondremos explicitar los rasgos que definen la filosofía posmoderna, para ubicar dentro de ella una manifestación privilegiada como es el narcisismo.

En un segundo momento, como forma de iluminar lo que antes expusimos, presentaremos el mito de Narciso con su significación antropológica y alegórica, aprovechando los interesantes elementos que nos brinda el psicoanálisis.

Pues, como es sabido esta corriente psicológica es la que más se ha preocupado de retomar y explicar los distintos mitos -que nos remiten a aspectos originarios del hombre y el mundo- como base para sus teorías;
ya que esta es la función del mito, hacer explícito lo implícito.


Debemos notar entonces que nos encontramos ante un trabajo de tipo
filosófico que no tiene otro motivo que presentar una visión particular y característica de nuestra cultura actual, sin pretensiones ni intentos de plantear alternativas al modo de respuestas a los desafíos que ella nos presenta. Pues entendemos que exponer claramente estos aspectos concretos de nuestra realidad, permite tomar conciencia del lugar donde estamos inmersos y lo que podemos hacer al respecto, especialmente para quienes defendemos otro modelo cultural que excluye todo relativismo en el campo ético y social, y rechaza el centramiento del individuo en sí mismo, opuesto a la apertura que lo define como ser social y trascendente.


Finalmente, expresamos que este libro no surge porque sí, sino que es parte
de un trabajo de investigación más ambicioso como es la tesis doctoral que nos pertenece, referida al trastorno narcisista de la personalidad como causa de nulidad del matrimonio canónico. Como se sabe, para un trabajo de esta entidad es mucho el material que hay que recoger, sistematizar, elaborar para luego también apartar lo que sin carecer de importancia no responde directamente al objetivo concreto que se persigue.

Por tanto, esta pequeña obra, responde a ese trabajo de estudio y
asimilación, que finalmente no ingresó, o más bien lo hizo en forma sintetizada en la mencionada tesis de postgrado. Aunque, como es lógico, este material ha sido reelaborado y aumentado con nuevos elementos de consideración, especialmente en esta segunda edición.


De esta forma la presentamos ahora, principalmente, aunque no en forma
exclusiva, como un subsidio para los cursos universitarios que tenemos a cargo en el área de la filosofía en relación con el derecho, ya que esta realidad permite comprender las causas de las acciones que se desarrollan en los distintos ámbitos de lo humano, incluido fundamentalmente el aspecto ético y jurídico.

Precisamente esta realidad posmoderna y narcisista, negadora de toda trascendencia o valoración más allá de lo fáctico, permite entender el porqué de ciertas miradas positivistas, aún en aspectos que incluyen los derechos fundamentales de la persona. Y si bien estos temas no se encuentran desarrollados de forma expresa, la realidad cultural
descripta, en sus trazos más característicos, da cuenta de ellos y de alguna formalos explica.
Esperamos, por tanto, haber logrado aportar algo de interés con este ejercicio del mirar, a través del mito de Narciso, nuestra realidad cultural. Mirada que no consideramos única ni exclusiva, pero sí creemos fiel a lo que son las manifestaciones de nuestra forma de ser, sentir, pensar en el hoy que nos toca vivir; y que implica la responsabilidad de superar la suerte del mítico personaje, si no queremos quedar atrapados por el reflejo especular de nuestra propia imagen.
Finalizando esta presentación no nos queda más que agradecer muy especialmente a las autoridades del Universitario de Punta del Este, quienes con mucho entusiasmo y dedicación pusieron su trabajo al servicio del armado y diagramación de esta publicación que lleva su sello.

Gabriel González Merlano

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